Me quedo con Machado, el solitario
pensador de los campos de Castilla,
de yermos y heredades a la orilla
del Duero, con su olmo centenario.

Con la que siendo niño todavía
se enamoró del profesor austero
al que la Muerte, con un gesto fiero,
logró arrancarle lo que más quería.

Me quedo con su voz y su presencia
en los chopos y arados del camino;
me quedo con su paso peregrino
y con la luz plagada de su esencia.

Y con la sencillez de su poesía,
con la tarde marchita y con la fuente,
con el sueño de Dios y con la gente
que pobló sus tempranas galerías.




Me quedo con su guerra y con el mudo
destierro que anunciaba la partida,
con la lenta y callada despedida
en otra playa que recibirlo pudo.

Y con su voz de páramo y de trueno
en la esperanza de una España nueva,
y con la imagen que el recuerdo lleva
hacia el rostro final de un hombre bueno
.



Les envío este poema que dediqué a Don Antonio Machado en una antologia de su obra que preparé hace unos años para la Editorial Colihue de Buenos Aires. Espero les guste. Hasta pronto.




Cerca del Guadalquivir
en la loma enclavadas
entre grandes olivares,
de buen aceite regadas,
hay dis bonitas ciudades,
históricas, hermanadas.
Ellas son: Baeza y Úbeda
de monumentos colmadas
ciudades renacentistas
de hermosas piedras talladas.
Estas joyas andaluzas
dignas de ser visitadas
ya las dos son patrimonio
por la UNESCO declaradas.
Descubre sus monumentos
y sus murallas torreadas,
caminando despacito
por sus calles empedradas.





Todos los poemas escritos
habrían de estar dentro de un círculo,
contenidos en la circunferencia que trazas,
en esa forma perfecta que fuimos;
como notas musicales suspendidas a tu alrededor.

La luna llena, tu pupila,
un beso en tus senos,
aquella moneda arrojada al mar,
el fondo del vaso en el que viertes pompas.

Se me va;
se me va de las manos;
se me va de las manos el agua
.





La sabrosa pipirrana,
no es insecto ni batracio;
es un plato que da fama
al rico vocabulario
de la cocina baezana.

Se prepara fácilmente:
Tomate, huevo cocido,
pimiento, vinagre, aceite;
aceitunas, sal, bonito,
cebolletas y una fuente.

Navaja y trozo de pan,
corta la sopa, pinchando
ésta, que así portará
la pipirrana del plato
a la boca del comensal.

El vinillo que no falte,
es alegre compañía;
con comida, vino y cante
se alegra la tierra mía
y en ella su visitante.

El poeta baezano Pedro Ayala Cañada nos versifica la receta de este plato típico de la ciudad jiennense. El poema está extraído de su libro "Cancionero de Baeza", en el que dedica un apartado a las Cosas y costumbres del lugar.





Tus verdes campos y tus olivares,
Tus plazas recoletas,
Tus palacios, tus torres,
Tus quebradas siluetas,
Es siempre, inspiración de pintores...
Músicos y poetas.
Unos en sus lienzos te pintarán.
Con sus historias, muchos libros llenan
Machado, por todo el mundo te lleva
"inmortal Baeza", con su poesía.
Yo te llevo en el alma,
Donde quiera que esté,
¡eres la tierra mía!