El período que Antonio Machado transcurrió en nuestra localidad comprende los años que van de 1912 a 1919. En esta época siguió colaborando con varias publicaciones, fue profesor de francés en el actual Instituto de Enseñanza Secundaria Santísima Trinidad, y escribió muchas de las creaciones que le han hecho inmortal, como es el caso de "Soledades".
Al mismo tiempo, mantuvo una intensa y continuada correspondencia con Unamuno, a quien confesó sus experiencias e impresiones acerca de la ciudad en la que durante mucho tiempo se sintió prácticamente "confinado". En esta época el poeta estaba notablemente afectado por la muerte de su esposa Leonor, que dejó su "espíritu desgarrado".No obstante, superada en parte esta desazón, alcanzaría un mayor grado de adaptación a Baeza, llegándose a maravillarse con la belleza de sus paisajes, de los que escribió: "¡Campos de Baeza / Soñaré contigo / Cuando no te vea!"


Carta a Unamuno (1915)

En una carta a Unamuno de finales de mayo de 1913, expresa Machado su abatimiento, tanto por la muerte de Leonor como por su confinamiento en Baeza:
 
Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de 2.ª enseñanza y apenas sabe leer un 30 por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinitamente más levítica que el Burgo de Osma y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política -todo el mundo es conservador- y se discute con pasión cuando la audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones lamentables que equivalen al suicidio.
 
 
Y más adelante, en la misma carta, se refiere a la muerte de Leonor:

Carta a Juan Ramón Jiménez (1913)
 
La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una criatura angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor, está la piedad. Yo hubiese preferido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mío. Algo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. Tal vez por esto viniera Dios al mundo. Pensando en esto, me consuelo algo. Tengo a veces esperanza. Una fe negativa es también absurda. Sin embargo, el golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente en que la he de recobrar. Paciencia, y humildad.
 
  Con el paso del tiempo empezó a recobrarse de su crisis personal, y a afrontar su estancia y su propia obra desde otra perspectiva, lo que también expresó en sus cartas a Ortega y Juan Ramón durante aquellos años tan difíciles para él pero en los que paulatinamente fue adaptándose a Baeza.

ALGUNAS IMÁGENES DE LA ÉPOCA


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